Cobijo Camijanes

Tu espacio de fauna en su estado y hábitat natural

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Bosques escandinavos

El verano es la estación por excelencia en el norte europeo. Las extensas y frondosas masas forestales del sur escandinavo sufren la nieve, lluvias y gélidos vientos el resto del año. Por ello cuando el tiempo da un respiro, por corto que sea, la vida explota de energía y los aparentemente deshabitados bosques desatan su encanto. Para muchos animales es el único momento en el que pueden tener sus crías sin que un cambio atmosférico pueda ser fatal.
En las lindes de los bosques con las praderías, algún que otro tordo entraba y salía constantemente. Una vez eclosionados los huevos, toda la atención de los zorzales reales se centraba en conseguir dar de comer a su pollada. Entre los dos padres buscan insaciablemente las lombrices que bajo las herbáceas oxigenan las tierras.


Zorzal real (Turdus pilaris)

Los vuelos al nido desde su área de caza se hacen frecuentes para saciar a los pequeños. De vez en cuando la madre pasa unos minutos en el nido dando calor, colocando y adecentando el hogar. En cuanto todo está conforme no pierde un segundo y vuelve a la caza.


Zorzal real (Turdus pilaris) alimentando los polluelos


El nido de zorzal que mostramos, nos sorprendió por su proximidad a un camino entrante al bosque que utiliza la gente para sacar leña. Desde el mismo tomamos las fotografías, en España no recordamos ninguna ocasión de despreocupación por parte del animal semejante.


Estampa típica de la zona


Los menos preocupados, con sus crías ya de la mano, se dedican a armonizar el entorno de altos y robustos árboles que  forman el hábitat de gran cantidad de animales. Los carboneros y herrerillos, al igual que en el resto del continente europeo van y vienen con su abanico de cantos aflautados diferentes. Mientras los pequeños carboneros esperan en ramas cercanas a que los adultos vuelvan con algo de comida, los aún inmaduros herrerillos ya comienzan a aventurarse en búsqueda de los frutos y semillas que consiguen colgándose de las más delicadas ramas.


Carbonero común (Parus major)


Herrerillo común (Parus caeruleus) juvenil



Adentrándonos en la espesura, la luz se hace escasa y todo lo que nos rodea es una sombría postal en la que el musgo y los líquenes lo embaucan todo. Los pinos y abetos más altos proyectan la sombra necesaria para que junto a un alto grado de humedad, hayas, álamos, fresnos y todo tipo de árboles crezcan robustamente. En medio de este maremagnum de grandes troncos, la presencia de paseriformes disminuye, pero  picos y trepadores encuentran su paraíso. La comida y refugio se hace relativamente fácil de conseguir para ellos en un lugar así y los martilleos de cada ráfaga de picotazos se une a la armonía local.


Pico picapinos (Dendrocopos major)
 
 
Normalmente estos pájaros se delatan ellos solos. A parte del ruido que generan, podemos reconocer su posición observando los trozos de corteza que van soltando para llegar a los preciados bichos que bajo ella se encuentran. El picapinos suele picar la madera con mayor estruendo y con más asiduidad. Cuando encontramos un trepador azul, a menudo por sus ligeros silbidos, nos muestra sus movientos tan típicos en los que levanta el cuello y enseña su pecho que a diferencia del ibérico, en el norte lo lucen de color blanco.


Trepador azul (Sitta europaea)


Aunque a veces, lo que cae de las ramas más altas son restos de piñas de unas ardillas que precavidamente van preparándose para el crudo invierno. Otras veces las encontramos porque dejan colgando esa poblada cola mientras se alimentan de los frutos secos en las alturas, principalmente piñas.


Ardilla (Sciurus vulgaris) alimenándose de verdes piñas


Es frecuente por estos bosques, encontrar al pie de los árboles grandes cúmulos de las piñas trabajadas por las ardillas, en las que siempre dejan una punta intacta porque es la que tiene agarrada con las manos. A menudo una vez en el suelo, otros roedores las rematan.


Restos de piñas comidas por ardilla (Scirius vulgaris)



Pocos depredadores son capaces de llegar a semejantes alturas para cazar a uno de estos individuos. En tal caso, la depredación la harían por la noche fantasmas como la marta; ya que durante el día son vistos fácilmente. Por ello, la vida en la altura es relativamente tranquila, mientras que en el suelo cualquier momento puede ser el último. Para sobrevivir, si el camuflaje no es suficiente hay que tener un as en la manga. Las ranas esperan hasta el último momento en el que son vistas para dar un salto y ponerse a resguardo entre la maleza o cualquier oquedad.


Rana bermeja (Rana temporaria)


Muchas de estas ranas no andan lejos de núcleos de agua. Los bosques de escandinavia son conocidos principalmente por su poco desnivel y su consecuente formación de cantidad de lagos. En sus aguas se pavonea el somormujo lavanco. Como el rey del charco un ejemplar de esta especie se pasaba el día en medio del mismo, dando vueltas y buceando en busca de pececillos que comer.
En sus orillas un gran número de fochas tratan de enseñar a sus polluelos donde obtener la comida pasando desapercibidos ante posibles depredadores.


Focha (Fulica atra) con su polluelo


A estas latitudes se hace muy común la presencia de los córvidos. Carroñeros que aprovechan cualquier desecho para obtener su dosis energética. Siempre vigilantes desde las alturas, sus graznidos vuelven tétrico el ambiente con la caída del sol.


Par de grajas (Corvus frugilegus)


Cuando empieza a oscurecer, el propio bosque te dice que te vayas: Comienzan a salir con gran fervor todo tipo de mosquitos, baja tremendamente la  sensación térmica y la visión se hace difícil. De vuelta, clavando los zuecos en las espesas alfombras de musgo y llenos de picaduras, los duendes empiezan su juego. Un curioso corzo nos tiene vigilados y paramos la marcha para observar su belleza en ese idílico entorno.


Corzo (Capreolus Capreolus) vigilante

 
Atrapados por el espíritu del bosque descubrimos la magia del norte. Animales que igual no han llegado a estar en contacto con el hombre, o que en su caso no han tenido razón de sentirse amenazados, continuan su travesía sin disimulo entre las sombras del ocaso. Echamos la última mirada el uno al otro y desaparecemos del lugar para dejar el fluir natural del bosque a nuestras espaldas.


Corzo (Capreolus capreolus) en la espesura del bosque escandinavo
 
 
La ausencia del blanco escudo anal que acostumbramos a ver en los corzos de la península nos recuerda lo lejos que estábamos de casa. Pero por otro lado, nos enseña lo bien que se adaptan estos animales que podemos encontrar casi en cualquier parte de la geografía europea.
Saludos a todos y hasta la próxima




jueves, 21 de junio de 2012

Lo que todo bosque esconde

Son unos cuantos años ya pateando diferentes tipos de bosque. Desde los brumosos hayedos del norte hasta los secos pinares de la meseta castellana. Estos últimos no tienen animales emblemáticos, ni en peligro de extinción, pero como cualquier bosque, también esconde sus "fantasmas". Hay quien dice que todo tiene su encanto, no hay más que quererlo ver. La verdad, esta zona escasea bastante tanto en fauna como en flora y hay que echar muchas horas para descubrir que en lo profundo de estas masas forestales; más allá de los caminos por los que pasea infinidad de gente, entre pinos, matorrales y alguna que otra encina hay una vida salvaje. Y como vida salvaje, nunca se sabe con lo que te puede sorprender. Hay dos cosas que la primera vez que encontramos (de esto hace ya bastante tiempo) nos sorprendieron bastante: un conejo sin cabeza, y la muda de una gran serpiente. Como es lógico, la manera más fácil de datar especies en un lugar, es por los rastros característicos que esta deja (mucho más abundantes que la población que pueda existir). Pero entontonces no asocíabamos nombre a los autores de dichas fechorías.


Conejo (Oryctolagus cuniculus) sin cabeza presa de un zorro (Vulpes vulpes)


Muda de culebra de escalera (Rhinechis scalaris) entre las acículas caídas de los pinos


Ahora conocemos algunos hábitos del astuto zorro; le da por "jugar" con la comida; así como arrancar la cabeza de sus presas o sacar las entrañas del animal abatido para sus crías o simplemente enterrarlas para cuando escasee el alimento.
Sabemos también que los animales escamasos, necesitan cambiar la camisa para seguir creciendo y que por la gran longuitud de esta muda, el color y su forma se trataba de una culebra de escalera.
Con el tiempo, hemos podido afirmar nuestras suposiciones y ambas especies han sido observadas por el lugar del que las creímos habitantes. Sin embargo, esos habitantes del bosque que nos van dejando señales de su presencia, llegan a hacerse reales cuando logramos un avistamiento directo.


Corzo (Capreolus capreolus) entre pinos bajos

Hay animales como el corzo que pueden vivir en cantidad de hábitats diferentes siempre que tengan una buena cobertura vegetal. Este es un mamífero muy perseguido. Presa número uno de predadores como el lobo y de las escopetas de los cazadores, hacen de él un ser esquivo y asustadizo. Por muchos es apodado como el duende del bosque; y cierto es que lo más visto de esta especie es la mancha blanca del culo, ya que en cuanto el corzo nota algo extraño pega un brinco en dirección contraria y cuando logras descubrirlo ya no está.
Otra táctica desarrollada contra cazadores y matadores es quedarse inmóvil esperando pasar desapercibido; las ardillas pegadas a las ramas o el tronco, los conejos echando las orejas hacia atrás agazapados entre la vegetación.


Ardilla roja (sciurus vulgaris)


Conejo común (Oryctolagus cuniculus) escondido en un claro de pinar

Es increíble la cantidad de ojos que te están observando mientras andas por un medio natural. Todos estos mamíferos que acabamos de mostrar ya nos tenían vigilados cuando logramos descubrirlos. Acto seguido cada uno utilizó su método de supervivencia ante el extraño.
Para nosotros, el real duendecillo de este tipo de bosques, de los pinares, es el agateador. También llamado vulgarmente trepatroncos, se pasa el día como su nombre indica buscando comida con su largo pico entre la robusta corteza de los pinos. Su diminuto tamaño y su excepcional plumaje hacen de este ave un verdadero fantasma, solo descubierto cuando le da por cantar (un "tit" agudo) o por el escaso sonido que produce al rascar los tronos y al dejar caer los pequeños trozos de corteza.


Agateador común (Certhia brachydactyla) trepando un pino

Agateador común (Certhia brachydactyla) pose típica

La costumbre de los agateadores es empezar un tronco casi desde el suelo, e ir trepando hasta que las ramas le dificultan la trepa. Entre la corteza encuentra bichos, y los días lluviosos, hemos observado que aumenta su actividad. Con los troncos reblandecidos, encuentra más fácil el picoteo.


Agateador común (Certhia brachydactyla) buscando alimento


Agateador común (Certhia brachydactyla) sobre un tronco mojado

Todo bosque, todo hábitat, tiene su fauna aunque a veces no lo parezca. Los animales han sabido situarse en su ambiente más propicio; los más, se han refugiado lejos de núcleos urbanos en lugares inaccesibles y escondidos, otros se han quedado cerca de los pueblos y las ciudades como las lechuzas o cigüeñas. Pero en cualquier sitio hay siempre vida, y hay que respetar allí donde nos encontremos porque nunca sabremos  lo que podremos perjudicar. Y esto lo queremos dejar claro, porque seguro que alguno de vosotros también ha enfocado con sus prismáticos a un viejo roble con la esperanza de que esa mancha blanca sea una preciosa lechuza, y lo que ha descubierto es una bolsa de plástico... Todo bosque debería tener diferentes especies animales y no diferentes tipos de basura...
Dejando de lado la "educación ambiental", llegamos al final de esta entrada que describe un poco la fauna que esconde la flora en cualquier espacio natural. Y como no podía faltar, un superdepredador mantiene a raya la población de seres de menor tamaño. En dichos pinares, el águila calzada junto al zorro limitan las abundantes poblaciones de conejo.

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)


Un saludo y gracias por leernos de vez en cuando.

domingo, 22 de abril de 2012

Cuernas; armas que no matan

Normalmente las armas son diseñadas para matar o hacer daño. En el mundo animal, garras y mandíbulas como las de los lobos o veneno como el de las víboras son armas que cada uno presenta a la hora de decidir quién vive y quién muere. El ser humano parece que carente de ellas, ha tenido que ingeniárselas para crearse las suyas propias. Esto nos hace pensar que la gran arma de la que fue dotado el homo sapiens y sus antecesores es sin duda la inteligencia y el raciocinio. Luego ves cada estupidez (incendios provocados, caza de especies en peligro de extinción...),  que dan ganas de planteárselo... Sin embargo, las resistentes y afiladas cuernas que lucen los cérvidos tienen otros motivos más haya de la muerte y el dolor. Son armas de acuerdo con la teoria de la evolución de las especies de Darwin, en la que la selección natural determina los progenitores mejor dotados. Esto quiere decir que estas armas tiene por función aparentar fuerza y salud; y demostrarlo ante las hembras con una embestida cuerna con cuerna con los competidores e intrusos en su harén.


Machos de ciervo (Cervus elaphus) enfrentados durante la berrea (septiembre 2011)

Hay diferentes grandes mamíferos en las montañas del norte ibérico que poseen un par de estructuras óseas en la cabeza, pero solo dos de ellos se denominan cérvidos; el corzo y el ciervo. La familia cervidae se diferencia de los demás ungulados por llevar un ciclo anual de renovación de cornamenta.
Los ciervos, que poseen unas cuernas mucho más grandes que las que llegan a tener los corzos; preparan sus armas para las peleas que se dan en el celo (septiembre-octubre normalmente). Después las mantienen hasta la primavera, momento en el que son desprendidas frotándolas contra los tallos leñosos, para ser sustituidas por un nuevo par (más grande que el anterior si todo va bien) naciendo cada una de ellas, rodeada de un epitelio llamado terciopelo. A su vez, esta piel antes de la berrea se quita para prepar sus mejoradas cuernas de nuevo para los enfrentamientos.
Lógicamente, no es época de mostrar fotos de luchas y escaramuzas, sino del estado actual de los ciervos de las montañas que quedan aparentemente desprotegidos o "desequilibrados" durante unos días.


Ciervos (Cervus elaphus) sin una y dos cuernas


Aparentemente, podríamos ver en la foto un ciervo seguido de una hembra; pero esto sería un tanto extraño y más aún  en esta época. Ya que, si no es durante el celo, hembras y crías van por un lado y machos (solos, o en pequeños grupos) por otro. Si uno aumenta la foto y se fija bien, a un ciervo le falta una cuerna que acaba de tirar y al otro le faltan las dos que ya tiró hace algo más de tiempo.
En las siguientes imágenes se observan los mismo ciervos un rato después, ramoneando entre brezos. El primero (dos fotos) muestra un agujero en su lado izquierdo de la cabeza mientras se acicala y el segundo dos pequeños bultos negros donde comienzan a  salir las cuernas. (ampliar para ver más detalle)


Ciervo (Cervus elaphus) sin una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) con una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) sin ambas cuernas


Mientras tanto, los corzos que tiraron sus pequeñas cuernas durante el invierno, hasta hace poco tenían su cornamenta cubiertas de terciopelo. Actualmente andan quitando el epitelio y las mantendrán a punto hasta el celo, que es en verano.


Corzos (Capreolus capreolus) encarados por desafío territorial con sus cuernas  recubiertas de terciopelo ya desarrolladas


Corzo (Capreolus capreolus) con la cornamenta aterciopelada

Desgraciadamente estos indefensos herbívoros son premios de muchos cazadores y posteriormente, sus cabezas adornos de múltiples chimeneas. Para nosotros es más reconfortante descubrir una de esas cuernas, que tanto ha peleado por asegurar la descendencia de su portador, entre los brezos de un robledal; y pensar que este animal sigue dando saltos por las montañas y formando parte de nuestra preciada fauna, que ver un ejemplar abatido como trofeo.


Cuerna de ciervo (Cervus elaphus)


Como es el caso de la cuerna aquí mostrada. Podría ser de alguno de los ciervos que aparecen en las imágenes anteriores, ya que se situaba en el mismo lugar donde fueron observados estos ciervos. Pero no podría haber sido desprendida este año, esta "pequeña" expresión del paso del tiempo nos dice con sus puntas mordisqueadas y su estructura roída que formó parte de la berrea del 2010.
Sin embargo, el echo de encontrar una cuerna no asegura la supervivencia del animal que la llevaba. Fuera del radio de acción de las personas, el bosque tiene muchas trampas mortales que irán seleccionando a lo largo de los años los ejemplares mejor dotados. Enfermedades, depredadores como los lobos, o el crudo invierno son pruebas que deberán pasar satisfactoriamente para llegar a formar parte de los espectáculos del celo; la berrea del ciervo o la ladra del corzo.
A continuación mostramos un pequeño fragmento de ese ciervo que aún conservaba una de las dos cuernas escondido entre las escobas de la montaña palentina.

Ciervo común (Cervus elaphus) con una cuerna

Gracias por visitarnos de vez en cuando y por los comentarios y opiniones que aquí dejáis.
Un saludo!

domingo, 11 de marzo de 2012

Del hayedo al río

Pocos espacios resultan para nosotros, tan relajantes y tan inhóspitos a la vez, como un hayedo en invierno. La tranquilidad con la que puedes pasear por estos bosques abiertos es la mejor medicina para despejar la cabeza y salir de la rutina semanal. Aunque ahora parezca que estamos entrando en la primavera, hasta hace poco el frío lo invadía todo.


Hayedo con las primeras nieves en la Cordillera Cantábrica

 
Entrando al hayedo
Luz y sombras dentro del hayedo

 
Estas formaciones boscosas suelen aparecer en la cara norte de los sistemas montañosos de la Cordillera Cantábrica y Pirineos, ya que reúnen las características adecuadas para su desarrollo. Necesitan fundamentalmente humedad (por eso casi siempre aparecen en laderas con orientación norteña) y la falta de esta variable en el periodo estival es el factor más determinante para su existencia. En los hayedos, no se suelen encontrar apenas especies vegetales diferentes, ya que las hojas están dispuestas horizontalmente, dejando pasar muy poca luz. Los pocos árboles distintos que crecen en el entorno, aparecen en los márgenes de los hayedos. Algunos como el tejo o el acebo son auténticas reliquias de la flora cantábrica.

 Detalle de la rama de un tejo (Taxus baccata)

 
Detalle de la rama de un acebo (Ilex aquifolium)

Los troncos y las ramas de los árboles son escalados continuamente y de forma tranquila pero enérgica, por agateadores y trepadores. Estos paseriformes buscan bajo la corteza y en los huecos que dejan los picos su alimento.


Agateador norteño (Certhia familiaris)

 
En estos bosques de carácter atlántico se da un fenómeno bastante curioso y que afecta al porte de los árboles. La reptación o creep es un movimiento continuo del terreno, en este caso de las laderas, que afecta a la capa superficial y que consiste en la variación del volumen del suelo debido a las constantes hidrataciones y deshidrataciones. El efecto producido sobre la cubierta vegetal es un arqueamiento en la base del tronco, como el que se muestra en la siguiente imagen.

 
Fenómeno de reptación o creep reflejado en un haya (Fagus sylvatica)

La vida en el hayedo tiene dos caras; la diurna y la nocturna. Por la noche, el bosque cobra vida con las constantes idas y venidas de un gran número de mamíferos. Una de las pocas maneras de conocer lo que ha sucedido durante las horas de oscuridad, es la observación e interpretación de algunos de los rastros o pistas que nos dejan muestra de su presencia: ya sean de marcaje de territorio, de haber comido o las huellas  dejadas en el terreno.

Restos de un picapinos devorado por un zorro (Vulpes vulpes)

 
En medio de la matanza, puede observarse un excremento propio del marcaje de territorio. Es muy normal, cuando la nieve hace monótono el lugar, utilizar cualquier defecto del paisaje blanquecino para orinar o marcar de alguna forma su presencia. Cuando no hay nieve, los principales sitios para depositar las heces son rocas o tocones de árboles vistosos.

 
Excremento sobre piedra

 
Los rastros que dejan los animales pueden clasificarse de muchas maneras. Una de ellas puede ser la diferenciación entre las marcas dejadas para ser vistas (las dos imágenes anteriores), y las que quedan en el medio porque no hay más remedio (siguiente tira de fotos).

Excremento de corzo (Capreolus capreolus)

 
Huella de liebre
Huellas: zorro (Vulpes vulpes) izqda. y tejón (Meles meles) dcha.


Rastro de roedor

Mientras que la noche se muestra especialmente movida, faunísticamente hablando, el día ofrece otra cara bien distinta con un silencio absoluto, solo interrumpido en pequeños intervalos de tiempo por los cantos de algunas especies de aves o los brincos de algún que otro corzo.

Corzo (Capreolus capreolus)

 
Los pequeños torrentes que surcan los hayedos vierten sus aguas en cauces que cada vez van acumulando mayor volumen de líquido, dando lugar a las cabeceras de algunos ríos. En un remanso tranquilo procedente del bosque, la nutria encuentra su hábitat idóneo, con pequeñas pozas donde pescar.

 Nutria (Lutra lutra)

 
Con la nutria pescando cuando aún no había despuntado el sol, ponemos el punto y final  a este pequeño reportaje. Gracias a todos por visitarnos de vez en cuando. 
Un saludo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Final del otoño en la Montaña Palentina

Durante estos últimos días que nos marcan el final de la estación, las escapadas a la montaña para los que no tenemos la fortuna de vivir en ella, son algo complicadas de planificar. La atmósfera está bastante inestable, como es obvio por estas épocas, y los días en que el tiempo parece estar más calmado existe una gran probabilidad de toparse con un manto denso de niebla. Todo esto siempre es bastante relativo y depende fundamentalmente de los intereses del fotógrafo o naturalista. Seguro que algunos de vosotros preferís fotografiar con niebla, ya que así se consigue un aspecto mucho más invernal y auténtico. Pero si lo que se quiere es hacer una buena espera, lo peor que te puede pasar, metereológicamente hablando, es encontrarse rodeado de una capa blanca que no te deja ver nada a escasos metros.
A continuación os mostramos una imagen que ilustra como la niebla se va metiendo por el valle mientras realizábamos una espera.


Niebla penetrando en un valle de la Montaña Palentina


A parte de los fenómenos climáticos, por estas fechas hay que tener en cuenta que si se quiere observar algo de vida o de movimiento de los habitantes del bosque será bastante más complicado, ya que son tiempos de cacerías y batidas. Estas actividades van a incidir en el comportamiento de los animales, haciéndolos mucho más esquivos.
Teniendo en cuenta las situaciones anteriores y para matar el gusanillo de la Cantábrica, decidimos pasar el día por la Montaña Palentina y sus alrededores. En condiciones normales, hubiésemos ido un par de días como mínimo, para aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece este lugar. Es uno de los mejores sitios de la Cordillera Cantábrica para la observación de ciervos, destacando sobretodo los enormes machos de hasta 11 puntas en una sola cuerna  (lógicamente la berrea allí es espectacular). Pero tal y como está el campo últimamante, variamos un poco nuestro plan para pasar la mañana con los graciosos y siempre inquietos mirlos acuáticos de la cabecera del río Pisuerga, e intentar disfrutar de los mamíferos en la montaña por la tarde.
A medida que iba saliendo el sol y se disipaba la niebla, los pequeños saltarines del río comenzaban a realizar sus tareas como alimentarse, acicalarse y bañarse. Os dejamos a continuación un pequeño vídeo con sus quehaceres diarios.


Mirlos acuáticos (Cinclus cinclus) en el alto Pisuerga


Desde las praderas fluviales aledañas, una hembra de cernícalo común espera la oportunidad de encontrar algún pequeño roedor para desayunar. Mientras vigila desde las ramas deshojadas, nos permite retratarla a placer.


Cernícalo común hembra (Falco tinnunculus)


Cernícalo común hembra (Falco tinnunculus)


Después de una mañana bastante productiva y entretenida, nos dirigimos al lugar donde teníamos pensado realizar la espera. La idea era observar el mayor número de mamíferos posibles, principalmente ciervos, y ver en que grado afectan las batidas de estos días a la vida en el bosque. Lógicamente, ese día, sabíamos de antemano que iba a ser complicado ver algo. Como hemos comentado anteriormente, en circunstancias normales la observación de venados en esta región es bastante abundante.
Hasta que la niebla lo permitió solo pudimos descubrir 3 ciervos (1 macho y 2 hembras) y un corzo. Todos los animales que encontramos estaban echados y bastante escondidos entre la vegetación de la zona, seguramente esperando pasar el chaparron de disparos y cazadores.


Hembra de ciervo (Cervus elaphus) entre brezos y escobas


Corzo (Capreolus capreolus) echado


Como era de prever, el balance fue muy pobre para lo que generalmente suelen ofrecer estas montañas, ni rastro de jabalíes, zorros, rebecos que con cierta frecuencia se dejan ver por la zona... Lo poco que pudimos observar se encontraba en los lugares mas escarpados e inaccesibles del lugar, debido al efecto negativo que tienen las batidas sobre el comportamiento y vida de los animales.
Pero el problema se agrava cuando los cazadores se adentran en zonas protegidas, restringidas al uso público para garantizar la seguridad de los taxones protegidos y en donde se desarrollan los planes de conservación para las especies en peligro de extinción, como es el caso del oso pardo cantábrico o el urogallo.
Si generalizamos y hacemos mención a toda la Cordillera Cantábrica, resulta que de vez en cuando y con el consentimiento de las administraciones, las batidas se desarrollan en plenos territorios oseros y del gran gallo. Lugares donde campan las pocas osas que hay con sus crías y los cada vez mas escasos urogallos intentan sobrevivir a todas las dificultades a las que se enfrenta.  Es vergonzoso que grupos de cazadores con más de 20 perros peinen toda una montaña, donde se sabe con certeza que en ese territorio hay animales protegidos y tanto los celadores como la administración digan que no causan ninguna molestia a las especies en cuestión. Sin embargo, si nosotros queremos dar un paseo o simplemente realizar una espera sentados entre unos piornos (seguramente molestando mucho menos que los cazadores) ya se encargará el forestal de echarnos de la zona y si le pillas con un mal día igual te cae una multa. Pero ya se sabe que la caza mueve cantidades indecentes de dinero y que el primer subordinado y beneficiario de este "deporte" es la administración.
Habrá gente que no esté de acuerdo, pero hay un hecho claro y es que se caza en zonas protegidas y sensibles a la alteración del hábitat. Si está prohibido transitar esos lugares, tiene que estarlo para todo el mundo.
Este echo lo hemos podido contemplar en varias ocasiones en diferentes puntos de la Cordillera Cantábrica. En un caso observamos como una osa adulta, con un comportamiento bastante intranquilo, escalaba apresuradamente las pendientes rocosas de una montaña, mientras que unos cazadores junto con un celador (sin percatarse de la situación) caminaban en sentido horizontal unos 200 metros más abajo.
Con todo esto, que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero a nosotros nos parece una pena pasar de un septiembre-octubre envueltos en el encanto sonoro de la berrea a un noviembre-diciembre en los que solo se escuchan disparos de escopeta.
Para finalizar os dejamos una panorámica bastante típica de estos días en la Montaña Palentina.
Un saludo y gracias por visitar el blog.


Panorámica de la Montaña Palentina