Cobijo Camijanes

Tu espacio de fauna en su estado y hábitat natural

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viernes, 15 de febrero de 2013

Sierra Morena `hotspot´

Con las últimas nevadas llegar a las montañas de la cantábrica se hace bastante complicado, por lo que hemos hecho un alto al fuego en lo que a las salidas norteñas se refiere. Por primera vez en mucho tiempo, cogimos rumbo hacia el sur en busca de nuevos conocimientos de todas aquellas especies que se nos quedan fuera de alcance. En la Península Ibérica hay zonas en las que la biodiversidad faunística es más que notable y en ellas se concentran algunos de los iconos faunísticos de la región mediterránea; estos son conocidos como puntos calientes o hotspots. Nuestra intención era llegar a dar con uno de estos increíbles lugares.
 
La intuición y los libros nos llevaron hacia Sierra Morena. Caminando por sus serranías nos sorprendemos con nuestro primer avistamiento a gran distancia. Con sus típicas hombreras blancas, un majestuoso ejemplar de águila imperial delataba su posición y su identidad. Situada en la copa de una de las numerosas encinas que pueblan las laderas de los característicos montes mediterráneos nos daba la bienvenida a la comarca.
 
 
Águila imperial (Aquila adalberti) sobre una encina
 
 
Las expectativas del lugar crecen cuando al momento comprobamos que esta joya amenazada no está sola. Compartía área de campeo con su prima-hermana el águila real, que observaba los mismos valles llenos de conejos desde unas rocas cercanas. Con los días descubrimos que constituían su posadero habitual.
 
 
Águila real (Aquila chrysaetos) molestada por dos urracas (Pica Pica)
 
 
Bajo los bloques graníticos y las encinas, la vida fluye en los valles y laderas. Diferentes herbívoros buscan alimento pasando desapercibidos entre jaras, lentiscos y acebuches. Cuando dos de los grandes se encuentran, la situación puede volverse tensa. En una ocasión, pudimos observar cómo un jabalí al levantar el hocico del suelo y ver un ciervo a escasos metros, hizo correr al príncipe del bosque con una embestida típica de un toro. Cada uno por su lado, el jabalí y el ciervo, siguieron buscando alimento, uno ramoneando y el otro hozando toda la superficie a su paso. Así los observamos hasta que las luces del día se apagaron. 
 
 
Jabalí (Sus scrofa) levantando el terreno con el hocico
 
 
Ciervo común (Cervus elaphus) al atardecer
 
 

Los días van pasando y el avistamiento de especies diferentes va aumentando. Es frecuente observar buitres negros, gamos, azores, pero siempre demasiado lejanos como para poder reflejarlos mediante imágenes. Sin embargo, otros animales se muestran algo más cercanos, permitiendo observarlos mejor.

Como los días son fríos y soleados, muchos de los animales aprovechan el calor que transmiten los rayos del sol para echar la siesta y descansar un rato de las bajas temperaturas. Los especialistas en permanecer como estatuas son los mochuelos; ya sea en rocas o en ramas, pero siempre gozando de la cálida radiación solar. Por estos montes se oía el grito de guerra de cantidad de ejemplares al ocaso y al alba, momentos en los que son más activos.
 
 
Mochuelo común (Athene noctua) en su ambiente mediterráneo


Compartiendo hábitat con los mamíferos comunes que se distribuyen por gran parte del país, encontramos un numeroso rebaño de muflones. Como buenos bóvidos salvajes de la fauna ibérica, los muflones se desenvuelven perfectamente por lugares rocosos. Aunque también podemos observarlos en cualquier otra zona mientras se alimentan.  Durante los días que pasamos, seguimos a un grupo que constaba de unos ocho ejemplares. En él, podíamos diferenciar a machos (mancha blanca llamada "silla de montar" definida y mayor cornamenta), hembras y algún juvenil. 
 
 
Muflón (Ovis orientalis) en las rocas más inaccesibles
 
 
Parte del grupo de muflones (Ovis orientalis)
 
 
Sin lugar a dudas, el rey de esta sierra y por lo tanto protagonista de esta entrada es el fantasma que aparece y desaparece entre lentiscos y rocas. Ese gran felino, tan amenazado que se camufla con tanta facilidad y que le da el toque misterioso a estas montañas del sur. El lince ibérico.
 
 
Hábitat del lince ibérico (Lynx pardinus)
 
 
El lince ibérico es el gran cazador de conejos de la zona, pues prácticamente se alimenta de esa especie. Un ejemplar adulto necesita de media un conejo diario para afrontar sus necesidades energéticas, por lo que la rutina del rabón pasa bastante tranquila. Durante el día anda sin prisa de un lado a otro en busca de algún gazapo despistado que llevarse a la boca y se propina pequeñas pausas de vez en cuando al encontrar un lugar tranquilo donde echarse.

Varios avistamientos fugaces del gran gato entre la espesura hacen crecer la llama de nuestro elegido y cada vez más distinguido hotspot. Pero la emoción no tiene límites cuando realizando un barrido de la zona estudiada con el telescopio, nuestros propios ojos descubren una de estas maravillas de la península mimetizándose con el entorno.

Con la salida del sol aparece y se sienta en su zona estratégica para vigilar su territorio. Como felino refinado, al rato decide estirarse, desperezarse y ponerse en pie para comenzar la actividad del día que empieza.
 
 
 
Lince ibérico (Lynx Pardinus)
 
 
Lince ibérico (Lynx Pardinus) estirándose
 
 
Observar el lince y sentirse cercano a él, transmite la ligera sensación de estar más allá del mar Mediterráneo, donde otras fieras de mayor porte reinan las extensas y salvajes sabanas de África. Esta época del año no es la mejor para ver al gato andaluz, ya que el celo ha finalizado y los pocos ejemplares activos son los machos definiendo y defendiendo su territorio. Pero ahí estaba.

Según los estudios realizados acerca de la especie, en los últimos 50 años la población disminuyó en más del 95%, llegando en el año 2005 a rozar la extinción con unos 150 ejemplares. De haber desaparecido esta especie endémica de la Península Ibérica, habría sido la primera extinción de un gran felino desde el tigre de dientes de sable hace 10.000 años.

Actualmente el número de ejemplares se estima entre 250-300 y el riesgo de extinción sigue siendo potencialmente elevado. Sin embargo, parece que se va recuperando poco a poco, aunque los peligros siguen estando allí: atropellos, enfermedades, pérdida de hábitat...


Lince ibérico (Lynx pardinus) vigilando su territorio


Sólo con la presencia de la gran felino de la fauna de nuestra península en los montes que visitamos, ya los convierte en lugares de tremendo interés. Si además comparte hábitat y podemos gozar de aves también escasas como las águilas real e imperial o el buitre negro y una gran variedad y cantidad de mamíferos, esta sierra queda gravada para nosotros como un perfecto hotspot. Esperamos que a vuestro parecer también lo sea y esta entrada haya sido de buen agrado. Una vez más, gracias a los que seguís el blog con asiduidad, a aquellos que de vez en cuando le echáis un vistazo y a todos los que dejáis aquí vuestra huella con comentarios y opiniones, ¡un saludo!


viernes, 4 de enero de 2013

Y tú ¿Qué haces aquí?

Durante estas vacaciones de navidad hemos podido realizar diversas salidas de campo por diferentes lugares de la geografía española, y en algunas de ellas pudimos observar especies fuera de lugar. Es decir, especies que en condiciones  naturales no deberían encontrarse allí.
A veces los fenómenos meteorológicos juegan papeles fundamentales en la biología de los animales, adelantando o retrasando sus ciclos vitales. Este invierno por ejemplo, está siendo bastante cálido, como nos lo mostraron algunos animales de los montes de la Alcarria (Guadalajara): Los búhos reales que a 25 de diciembre aún no se les oía su característico bu-hú-uu típico del celo; los buitres leonados, apenas habían comenzado a preparar y reponer sus nidos en los cortados situados sobre un embalse... Pero lo más sorprendente era el movimiento de herpetofauna.



Sapo corredor (Epidalea calamita)

Algunos sapos corredores merodeaban  en las inmediaciones de unas cárcavas a la luz de la luna. Por lo general, son especies que se adaptan bastante bien a diferentes ambientes ya sean litorales, (donde suelen estar activos prácticamente todo el año) o de montaña (con un ciclo anual más reducido, entorno a 8 meses). Pero en el centro peninsular, suelen permanecer inactivos un par de meses, que suelen coincidir con diciembre-enero (normalmente meses fríos y secos).



Sapo corredor (Epidalea calamita) caminando


Sapo corredor(Epidalea calamita) en su ambiente


Este año parece que no se cumplen las expectativas. Este suave comienzo de invierno parece estar dando una prórroga a esas especies que generalmente sufren un cambio de actividad o lugar llegado este periodo. En los pinares pucelanos, las abubillas se agrupan en busca de algún insecto rezagado. Cada invierno que pasa parece ser un poco más cálido y tardío que el anterior y esto anima a que cada año se queden más abubillas en la época más dura y escasa de alimento para la especie. Al parecer algunas de ellas encuentran más rentable, energéticamente hablando, permanecer en la meseta castellana durante el periodo más desfavorable, (arreglándoselas como pueden durante los meses  más fríos en los que escasea su principal fuente de comida) en vez de migrar a África.


Abubilla (Upupa epops)

Dejando la climatología un poco de lado, las dos siguientes especies no deberían estar allí donde las encontramos, en medio de un camino y en la oscuridad de una noche cerrada.



Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)



Totovía (Lullula arborea)

El jóven colirrojo tizón ya se encontraba en su lugar cuando lo vimos, con tremenda quietud parecía creerse que no sería visto encajonado en esa oquedad a nivel del suelo. Pero la totovía para nuestra sorpresa, se comportó como lo haría un chotacabras: apareció volando y se quedó en medio del caminado confiando en su camuflaje, hasta que decidió marcharse.
Cuando algo aparece fuera de lugar, para nada esperas dar con ello y lo normal es llevarse una sorpresa, pero no siempre una alegría. Ayer al mediodía mientras observábamos diferentes aves marinas, vimos aparecer arrastrado por la corriente, un delfín común. Aparentemente no tenía más heridas superficiales que algunas magulladuras, pero pudimos observar como salía sangre de su boca cada vez que el agua entraba y salía de ella, y que tenía la mandíbula inferior partida.



Delfín común (Delphinus delphis) muerto en la playa Gerra (Cantabria)

En algunas situaciones la pregunta que nos surge es ¿Y tu que haces así? Como este macho de ciervo que a 4 de enero caminaba por la montaña palentina sin cuernas (cuando normalmente todos los machos se desprenden de ellas en primavera) y con la lengua fuera. Durante las fuertes disputas de la berrea, algún que otro ciervo puede verse afectado por la rotura de una de las cornamentas, pero nunca habíamos visto un macho sin las dos cuernas a principios de invierno. (Pinchar la foto para ampliar)



Macho de ciervo (Cervus elaphus) sin cuernas a principios de enero



Gracias por esta primera visita y comentarios del nuevo año. Esperamos que hayáis tenido buenas fiestas y una buena entrada de año ¡Feliz 2013!

domingo, 22 de abril de 2012

Cuernas; armas que no matan

Normalmente las armas son diseñadas para matar o hacer daño. En el mundo animal, garras y mandíbulas como las de los lobos o veneno como el de las víboras son armas que cada uno presenta a la hora de decidir quién vive y quién muere. El ser humano parece que carente de ellas, ha tenido que ingeniárselas para crearse las suyas propias. Esto nos hace pensar que la gran arma de la que fue dotado el homo sapiens y sus antecesores es sin duda la inteligencia y el raciocinio. Luego ves cada estupidez (incendios provocados, caza de especies en peligro de extinción...),  que dan ganas de planteárselo... Sin embargo, las resistentes y afiladas cuernas que lucen los cérvidos tienen otros motivos más haya de la muerte y el dolor. Son armas de acuerdo con la teoria de la evolución de las especies de Darwin, en la que la selección natural determina los progenitores mejor dotados. Esto quiere decir que estas armas tiene por función aparentar fuerza y salud; y demostrarlo ante las hembras con una embestida cuerna con cuerna con los competidores e intrusos en su harén.


Machos de ciervo (Cervus elaphus) enfrentados durante la berrea (septiembre 2011)

Hay diferentes grandes mamíferos en las montañas del norte ibérico que poseen un par de estructuras óseas en la cabeza, pero solo dos de ellos se denominan cérvidos; el corzo y el ciervo. La familia cervidae se diferencia de los demás ungulados por llevar un ciclo anual de renovación de cornamenta.
Los ciervos, que poseen unas cuernas mucho más grandes que las que llegan a tener los corzos; preparan sus armas para las peleas que se dan en el celo (septiembre-octubre normalmente). Después las mantienen hasta la primavera, momento en el que son desprendidas frotándolas contra los tallos leñosos, para ser sustituidas por un nuevo par (más grande que el anterior si todo va bien) naciendo cada una de ellas, rodeada de un epitelio llamado terciopelo. A su vez, esta piel antes de la berrea se quita para prepar sus mejoradas cuernas de nuevo para los enfrentamientos.
Lógicamente, no es época de mostrar fotos de luchas y escaramuzas, sino del estado actual de los ciervos de las montañas que quedan aparentemente desprotegidos o "desequilibrados" durante unos días.


Ciervos (Cervus elaphus) sin una y dos cuernas


Aparentemente, podríamos ver en la foto un ciervo seguido de una hembra; pero esto sería un tanto extraño y más aún  en esta época. Ya que, si no es durante el celo, hembras y crías van por un lado y machos (solos, o en pequeños grupos) por otro. Si uno aumenta la foto y se fija bien, a un ciervo le falta una cuerna que acaba de tirar y al otro le faltan las dos que ya tiró hace algo más de tiempo.
En las siguientes imágenes se observan los mismo ciervos un rato después, ramoneando entre brezos. El primero (dos fotos) muestra un agujero en su lado izquierdo de la cabeza mientras se acicala y el segundo dos pequeños bultos negros donde comienzan a  salir las cuernas. (ampliar para ver más detalle)


Ciervo (Cervus elaphus) sin una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) con una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) sin ambas cuernas


Mientras tanto, los corzos que tiraron sus pequeñas cuernas durante el invierno, hasta hace poco tenían su cornamenta cubiertas de terciopelo. Actualmente andan quitando el epitelio y las mantendrán a punto hasta el celo, que es en verano.


Corzos (Capreolus capreolus) encarados por desafío territorial con sus cuernas  recubiertas de terciopelo ya desarrolladas


Corzo (Capreolus capreolus) con la cornamenta aterciopelada

Desgraciadamente estos indefensos herbívoros son premios de muchos cazadores y posteriormente, sus cabezas adornos de múltiples chimeneas. Para nosotros es más reconfortante descubrir una de esas cuernas, que tanto ha peleado por asegurar la descendencia de su portador, entre los brezos de un robledal; y pensar que este animal sigue dando saltos por las montañas y formando parte de nuestra preciada fauna, que ver un ejemplar abatido como trofeo.


Cuerna de ciervo (Cervus elaphus)


Como es el caso de la cuerna aquí mostrada. Podría ser de alguno de los ciervos que aparecen en las imágenes anteriores, ya que se situaba en el mismo lugar donde fueron observados estos ciervos. Pero no podría haber sido desprendida este año, esta "pequeña" expresión del paso del tiempo nos dice con sus puntas mordisqueadas y su estructura roída que formó parte de la berrea del 2010.
Sin embargo, el echo de encontrar una cuerna no asegura la supervivencia del animal que la llevaba. Fuera del radio de acción de las personas, el bosque tiene muchas trampas mortales que irán seleccionando a lo largo de los años los ejemplares mejor dotados. Enfermedades, depredadores como los lobos, o el crudo invierno son pruebas que deberán pasar satisfactoriamente para llegar a formar parte de los espectáculos del celo; la berrea del ciervo o la ladra del corzo.
A continuación mostramos un pequeño fragmento de ese ciervo que aún conservaba una de las dos cuernas escondido entre las escobas de la montaña palentina.

Ciervo común (Cervus elaphus) con una cuerna

Gracias por visitarnos de vez en cuando y por los comentarios y opiniones que aquí dejáis.
Un saludo!

viernes, 30 de marzo de 2012

Habitantes del bosque mediterráneo

Si hay algo que resalta del bosque mediterráneo sobre cualquier otro ecosistema de la península, es la capacidad que tienen las plantas para perfumar con olores todo el monte. La mezcla de diferentes esencias, procedentes de muchas matas arbustivas, son una delicia que inundan los campos y nada más que llegan a nuestra nariz, hace que en el cerebro se reproduzcan diferentes imágenes de la siempre espléndida espesura mediterránea.


Bosque mediterráneo


En estos ambientes, los grandes mamíferos de la zona encuentran comida y refugio. Algunos como los ciervos, se pasan horas y horas ramoneando los árboles y arbustos del entorno.


 Retrato de vareto (Cervus elaphus) con las primeras luces del día.


Vareto (Cervus elaphus) ramoneando en un brezo.


Los lugares donde existe una superpoblación de venados, suponen un problema: ya que modifican las características del bosque, desplaza a otras especies (como el corzo) y puede limitar la existencia de otras (por ejemplo: en regiones donde sobrevive el urogallo cantábrico, coincide con la ausencia o una densidad muy baja de ciervo).
Cualquier ecosistema en el que no interviene la mano del hombre se encuentra perfectamente regulado y nunca o casi nunca se dan casos de elevadas poblaciones ya que suelen depender de muchos factores tanto externos como internos.
Las zonas donde existe este problema se puede atribuir a dos causas fundamentalmente: la falta de depredadores naturales (como el lobo) y las reintroducciones con fines cinegéticos. En las dos variables interviene la mano del hombre, que parece tener la autoridad sobre que especies potenciar y cuales eliminar, como ocurre con el ciervo y el lobo. Todo ello, lógicamente promovido por las administraciones y cazadores.
Dejando el tema de lado, del que se podría hablar días y días, vamos a seguir con la parte más natural que concierne al animal.
Existe bastante diferencia, por lo que hemos observado, entre los ciervos del bosque mediterráneo y los que se encuentran confinados en las montañas del norte peninsular, en cuanto a tamaño se refiere. Las venadas de las dehesas no son tan grandes ni tan corpulentas como sus vecinas norteñas y lo mismo ocurre en el caso de los machos. Basta con ver algunos vídeos de la berrea en diferentes regiones y el resultado salta a la vista. Seguramente está diferencia de corpulencia esté relacionada con la climatología. En las cordilleras septentrionales los inviernos son mucho más duros que en las dehesas, situadas más al sur y con unas temperaturas más suaves. Es un ejemplo de lo que se conoce como la regla de Bergmann (relaciona el tamaño de una misma especie con la temperatura ambiental que sufre el taxón en distintas latitudes).


Cervatillo (Cervus elaphus)


 Hembra y cría (Cervus elaphus)


Durante la primavera, es cuando la mayoría de las especies  de este  bosque traen al mundo a sus pequeños. En ocasiones, como ocurre con los jabalíes, los rayones se separan bastante de las madres, debido a que el número de crías por camada suele ser elevado, llegando en algunos casos a 8. Como siempre se dice con las rapaces nocturnas: "si te encuentras un pollo no lo cojas, ya que la madre estará cerca de su pequeño", la misma idea se puede manifestar con los pequeños cerdos salvajes. Pero en este caso más por tu seguridad, porque una jabalina con crías delante puede ser muy agresiva y aunque parezca que un rayón está solo ante el peligro, su madre no estará muy lejos.


Cría de jabalí, rayón (Sus scrofa)


Como aclarábamos anteriormente, todos los ecosistemas están perfectamente regulados y el monte mediterráneo no iba a ser menos. Los necrófagos se encargan de cerrar el ciclo, alimentándose de los restos de mamíferos muertos. En las dehesas extremeñas, el buitre negro y leonado llevan a cabo su función alimentándose de restos de ganado o de algún que otro ciervo.


Buitre leonado (Gyps fulvus) izq. Buitre negro (Aegypius monachus) dcha.


Buitre leonado (Gyps fulvus)


En las lindes de los bosques, si rebuscamos un poco por el suelo nos encontraremos con gran cantidad de reptiles que utilizan estas inmediaciones para termorregularse al sol y sorprender a sus presas al acecho. Un ejemplar típico de estas regiones es la lagartija colilarga, que como su nombre indica posee una cola de gran longitud respecto a su cuerpo.


Lagartija colilarga (Psammodromus algirus) soleándose


Detalle de la cabeza. Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)


Lagartija colilarga (Psammodromus algirus) buscando la sombra


Estos lugares también son utilizados por multitud de paseriformes que buscan incansablemente alimento entre acebuches, jaras y brezos. La curruca cabecinegra es una especie bastante fotogénica, debido a su curiosa cara y su llamativo ojo, pese a la ausencia de colores llamativos. Basta con tener el sol más o menos a favor y que el sujeto quiera colaborar un poco. El único problema que presenta este grupo de aves es la inquietud, teniendo muy poco tiempo para colocar los parámetros y enfocar.
Esta especie presenta un marcado dimorfismo sexual: los machos tienen de color negro las plumas de la cabeza, mientras que en las hembras es mas claro.

 
Curruca cabecinegra hembra (Sylvia melanocephala)


Otras especies de paseriformes como pinzones, herrerillos o roqueros solitarios se dejan ver con bastante frecuencia en algunos de los pequeños roquedos de este magnífico paraje.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) 


Herrerillo común (Parus caeruleus)


Juvenil roquero solitario (Monticola solitarius)


Muchas veces la conservación de un ecosistema, como puede ser el bosque mediterráneo, viene a cargo de una especie emblemática que se encuentra en categoría de amenaza o peligro de desaparición. Los planes de recuperación van dirigidos a mejorar y conservar el hábitat donde viven los taxones amenazados, actuando estos como especies paraguas. Es decir, que al preservar a la especie que se encuentra en una situación delicada, se protege indirectamente al resto de especies que habitan el ecosistema, ya sean plantas o animales, consiguiendo con ello un ambiente lo más natural posible. 
Un ejemplo de esta caso concreto, lo encontramos en los ambientes mediterráneos con el águila imperial.


Águila imperial (Aquila adalberti)


Águila imperial (Aquila adalberti)

Al proteger este emblema faunistico de la península, estamos también conservando su ecosistema y esa es la razón que permite que una especie amenazada recupere sus mermadas poblaciones. En estos tiempos que corren, las imperiales se apresuran en la reparación de nidos y en despejar de su zona a cualquier intruso (como cuervos). La función es dejar el territorio lo más tranquilo posible para cuando dentro de unas semanas aparezcan los primeros pequeños cubiertos de plumón blanco.

Águila imperial (Aquila adalberti) persiguiendo a un cuervo (Corvus corax)

Por último os dejamos la imagen, aunque no con muy buena calidad debido a la distancia, de una pareja de imperiales.

Pareja de Águila imperial (Aquila adalberti)

Con esta colección de especies típicas de ambientes mediterráneos, nos despedimos hasta la siguiente entrada.
Gracias a todos por visitar el blog y por vuestros comentarios.
Un saludo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Final del otoño en la Montaña Palentina

Durante estos últimos días que nos marcan el final de la estación, las escapadas a la montaña para los que no tenemos la fortuna de vivir en ella, son algo complicadas de planificar. La atmósfera está bastante inestable, como es obvio por estas épocas, y los días en que el tiempo parece estar más calmado existe una gran probabilidad de toparse con un manto denso de niebla. Todo esto siempre es bastante relativo y depende fundamentalmente de los intereses del fotógrafo o naturalista. Seguro que algunos de vosotros preferís fotografiar con niebla, ya que así se consigue un aspecto mucho más invernal y auténtico. Pero si lo que se quiere es hacer una buena espera, lo peor que te puede pasar, metereológicamente hablando, es encontrarse rodeado de una capa blanca que no te deja ver nada a escasos metros.
A continuación os mostramos una imagen que ilustra como la niebla se va metiendo por el valle mientras realizábamos una espera.


Niebla penetrando en un valle de la Montaña Palentina


A parte de los fenómenos climáticos, por estas fechas hay que tener en cuenta que si se quiere observar algo de vida o de movimiento de los habitantes del bosque será bastante más complicado, ya que son tiempos de cacerías y batidas. Estas actividades van a incidir en el comportamiento de los animales, haciéndolos mucho más esquivos.
Teniendo en cuenta las situaciones anteriores y para matar el gusanillo de la Cantábrica, decidimos pasar el día por la Montaña Palentina y sus alrededores. En condiciones normales, hubiésemos ido un par de días como mínimo, para aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece este lugar. Es uno de los mejores sitios de la Cordillera Cantábrica para la observación de ciervos, destacando sobretodo los enormes machos de hasta 11 puntas en una sola cuerna  (lógicamente la berrea allí es espectacular). Pero tal y como está el campo últimamante, variamos un poco nuestro plan para pasar la mañana con los graciosos y siempre inquietos mirlos acuáticos de la cabecera del río Pisuerga, e intentar disfrutar de los mamíferos en la montaña por la tarde.
A medida que iba saliendo el sol y se disipaba la niebla, los pequeños saltarines del río comenzaban a realizar sus tareas como alimentarse, acicalarse y bañarse. Os dejamos a continuación un pequeño vídeo con sus quehaceres diarios.


Mirlos acuáticos (Cinclus cinclus) en el alto Pisuerga


Desde las praderas fluviales aledañas, una hembra de cernícalo común espera la oportunidad de encontrar algún pequeño roedor para desayunar. Mientras vigila desde las ramas deshojadas, nos permite retratarla a placer.


Cernícalo común hembra (Falco tinnunculus)


Cernícalo común hembra (Falco tinnunculus)


Después de una mañana bastante productiva y entretenida, nos dirigimos al lugar donde teníamos pensado realizar la espera. La idea era observar el mayor número de mamíferos posibles, principalmente ciervos, y ver en que grado afectan las batidas de estos días a la vida en el bosque. Lógicamente, ese día, sabíamos de antemano que iba a ser complicado ver algo. Como hemos comentado anteriormente, en circunstancias normales la observación de venados en esta región es bastante abundante.
Hasta que la niebla lo permitió solo pudimos descubrir 3 ciervos (1 macho y 2 hembras) y un corzo. Todos los animales que encontramos estaban echados y bastante escondidos entre la vegetación de la zona, seguramente esperando pasar el chaparron de disparos y cazadores.


Hembra de ciervo (Cervus elaphus) entre brezos y escobas


Corzo (Capreolus capreolus) echado


Como era de prever, el balance fue muy pobre para lo que generalmente suelen ofrecer estas montañas, ni rastro de jabalíes, zorros, rebecos que con cierta frecuencia se dejan ver por la zona... Lo poco que pudimos observar se encontraba en los lugares mas escarpados e inaccesibles del lugar, debido al efecto negativo que tienen las batidas sobre el comportamiento y vida de los animales.
Pero el problema se agrava cuando los cazadores se adentran en zonas protegidas, restringidas al uso público para garantizar la seguridad de los taxones protegidos y en donde se desarrollan los planes de conservación para las especies en peligro de extinción, como es el caso del oso pardo cantábrico o el urogallo.
Si generalizamos y hacemos mención a toda la Cordillera Cantábrica, resulta que de vez en cuando y con el consentimiento de las administraciones, las batidas se desarrollan en plenos territorios oseros y del gran gallo. Lugares donde campan las pocas osas que hay con sus crías y los cada vez mas escasos urogallos intentan sobrevivir a todas las dificultades a las que se enfrenta.  Es vergonzoso que grupos de cazadores con más de 20 perros peinen toda una montaña, donde se sabe con certeza que en ese territorio hay animales protegidos y tanto los celadores como la administración digan que no causan ninguna molestia a las especies en cuestión. Sin embargo, si nosotros queremos dar un paseo o simplemente realizar una espera sentados entre unos piornos (seguramente molestando mucho menos que los cazadores) ya se encargará el forestal de echarnos de la zona y si le pillas con un mal día igual te cae una multa. Pero ya se sabe que la caza mueve cantidades indecentes de dinero y que el primer subordinado y beneficiario de este "deporte" es la administración.
Habrá gente que no esté de acuerdo, pero hay un hecho claro y es que se caza en zonas protegidas y sensibles a la alteración del hábitat. Si está prohibido transitar esos lugares, tiene que estarlo para todo el mundo.
Este echo lo hemos podido contemplar en varias ocasiones en diferentes puntos de la Cordillera Cantábrica. En un caso observamos como una osa adulta, con un comportamiento bastante intranquilo, escalaba apresuradamente las pendientes rocosas de una montaña, mientras que unos cazadores junto con un celador (sin percatarse de la situación) caminaban en sentido horizontal unos 200 metros más abajo.
Con todo esto, que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero a nosotros nos parece una pena pasar de un septiembre-octubre envueltos en el encanto sonoro de la berrea a un noviembre-diciembre en los que solo se escuchan disparos de escopeta.
Para finalizar os dejamos una panorámica bastante típica de estos días en la Montaña Palentina.
Un saludo y gracias por visitar el blog.


Panorámica de la Montaña Palentina