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domingo, 11 de marzo de 2012

Del hayedo al río

Pocos espacios resultan para nosotros, tan relajantes y tan inhóspitos a la vez, como un hayedo en invierno. La tranquilidad con la que puedes pasear por estos bosques abiertos es la mejor medicina para despejar la cabeza y salir de la rutina semanal. Aunque ahora parezca que estamos entrando en la primavera, hasta hace poco el frío lo invadía todo.


Hayedo con las primeras nieves en la Cordillera Cantábrica

 
Entrando al hayedo
Luz y sombras dentro del hayedo

 
Estas formaciones boscosas suelen aparecer en la cara norte de los sistemas montañosos de la Cordillera Cantábrica y Pirineos, ya que reúnen las características adecuadas para su desarrollo. Necesitan fundamentalmente humedad (por eso casi siempre aparecen en laderas con orientación norteña) y la falta de esta variable en el periodo estival es el factor más determinante para su existencia. En los hayedos, no se suelen encontrar apenas especies vegetales diferentes, ya que las hojas están dispuestas horizontalmente, dejando pasar muy poca luz. Los pocos árboles distintos que crecen en el entorno, aparecen en los márgenes de los hayedos. Algunos como el tejo o el acebo son auténticas reliquias de la flora cantábrica.

 Detalle de la rama de un tejo (Taxus baccata)

 
Detalle de la rama de un acebo (Ilex aquifolium)

Los troncos y las ramas de los árboles son escalados continuamente y de forma tranquila pero enérgica, por agateadores y trepadores. Estos paseriformes buscan bajo la corteza y en los huecos que dejan los picos su alimento.


Agateador norteño (Certhia familiaris)

 
En estos bosques de carácter atlántico se da un fenómeno bastante curioso y que afecta al porte de los árboles. La reptación o creep es un movimiento continuo del terreno, en este caso de las laderas, que afecta a la capa superficial y que consiste en la variación del volumen del suelo debido a las constantes hidrataciones y deshidrataciones. El efecto producido sobre la cubierta vegetal es un arqueamiento en la base del tronco, como el que se muestra en la siguiente imagen.

 
Fenómeno de reptación o creep reflejado en un haya (Fagus sylvatica)

La vida en el hayedo tiene dos caras; la diurna y la nocturna. Por la noche, el bosque cobra vida con las constantes idas y venidas de un gran número de mamíferos. Una de las pocas maneras de conocer lo que ha sucedido durante las horas de oscuridad, es la observación e interpretación de algunos de los rastros o pistas que nos dejan muestra de su presencia: ya sean de marcaje de territorio, de haber comido o las huellas  dejadas en el terreno.

Restos de un picapinos devorado por un zorro (Vulpes vulpes)

 
En medio de la matanza, puede observarse un excremento propio del marcaje de territorio. Es muy normal, cuando la nieve hace monótono el lugar, utilizar cualquier defecto del paisaje blanquecino para orinar o marcar de alguna forma su presencia. Cuando no hay nieve, los principales sitios para depositar las heces son rocas o tocones de árboles vistosos.

 
Excremento sobre piedra

 
Los rastros que dejan los animales pueden clasificarse de muchas maneras. Una de ellas puede ser la diferenciación entre las marcas dejadas para ser vistas (las dos imágenes anteriores), y las que quedan en el medio porque no hay más remedio (siguiente tira de fotos).

Excremento de corzo (Capreolus capreolus)

 
Huella de liebre
Huellas: zorro (Vulpes vulpes) izqda. y tejón (Meles meles) dcha.


Rastro de roedor

Mientras que la noche se muestra especialmente movida, faunísticamente hablando, el día ofrece otra cara bien distinta con un silencio absoluto, solo interrumpido en pequeños intervalos de tiempo por los cantos de algunas especies de aves o los brincos de algún que otro corzo.

Corzo (Capreolus capreolus)

 
Los pequeños torrentes que surcan los hayedos vierten sus aguas en cauces que cada vez van acumulando mayor volumen de líquido, dando lugar a las cabeceras de algunos ríos. En un remanso tranquilo procedente del bosque, la nutria encuentra su hábitat idóneo, con pequeñas pozas donde pescar.

 Nutria (Lutra lutra)

 
Con la nutria pescando cuando aún no había despuntado el sol, ponemos el punto y final  a este pequeño reportaje. Gracias a todos por visitarnos de vez en cuando. 
Un saludo.

7 comentarios:

  1. Estupendo reportaje, quien pudiera pasearse por ese hayedo y disfrutar de su fauna y tranquilidad Saludos.
    José Pascual

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  2. ¿Pequeño?, gran reportaje y que maravilla de fotos.
    Saludos.

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  3. Preciosa entrada. Qué bonita la nutria. ¿Cuándo veré una? Saludos chicos!

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  4. Preciosa entrada , variada y rica como esos lugares....y la nutris que buena pillarla tambien!
    Mi proxiima entrada va tambien de hayedos con un vecino muy especial......atentos,je,je!
    Saludos camperos!

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  5. Del hayedo al río. Interesante entrada con protagonistas muy interesantes.

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  6. Muy bueno el reportaje, muy a nuestro gusto como ya sabéis. Un texto acompañado de buenas fotos. Enhorabuena.

    Saludos,

    Lourdes y Jesús

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  7. Que gozada de imágenes, la primavera ha traido esa mieja de nieve pero a ver si cae algo más, un lujo ese montón de imágenes, desde esa nutria que me pone los dientes extremadamente largos a esos rastros, y como ya se sabe si el hayedo está en su pleno apogeo pocas especies vegetales se atreven a nacer en su espesa sombra
    saluddddddd

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