Cobijo Camijanes

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domingo, 22 de febrero de 2015

Los inviernos de la meseta castellana

Las tierras de la meseta castellana parecen eternamente monótonas, secas y sin aparentes cambios. Sin embargo, mas allá de esa idea preconcebida, se trata de una región que alberga algunas especies faunísticas interesantes, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones de escasez, de refugio y alimento, sin pasar por alto la dureza meteorológica. Un clima sustancialmente duro por sus elevados contrastes térmicos y su aridez, provoca una difícil supervivencia para sus habitantes.
Durante este invierno, nos hemos dedicado a conocer un poco más las especies de animales más representativas que en esta estación del año residen, visitan o se mueven por las comarcas que forman este enclave geográfico del noroeste de la península ibérica.
Una de las ideas principales de este post es resaltar aquellos patrones de movilidad que pueden efectuar las diferentes especies de aves durante el invierno. Para ello, hemos resaltado los siguientes parámetros: sedentarios, desplazamientos por la propia meseta, estacionarios, invernantes y pasos en migración.


Avutarda / Otis tarda / Great bustard  en la estepa castellana


Quizás una de las aves más emblemática de este ecosistema de extensos campos, mesetas y cultivos, sea la avutarda. Con su imponente aspecto atigrado, se mueve en bandadas en busca de alimento. Aunque parezca una especie que se pueda encontrar siempre en los mismos enclaves de la estepa castellana, su patrón de movilidad se podría considerar más bien de semisedentario. Efectúa pequeños movimientos, que van desde varios km hasta los 200 km de distancia en algunas ocasiones, todo ello es debido a la disponibilidad alimentaria. 
Las avutardas son especialmente conocidas por ser la especie de ave voladora más pesada del mundo. Lo que supone decir que actualmente es el ser vivo capaz de mover más peso, hasta 16 kg, a través del medio aéreo (sin ayuda externa).


El vuelo del ave más pesada capaz; Avutarda / Otis tarda / Great bustard


Si la avutarda es el perfecto ejemplo del tipo de aves que se desplaza de forma semisedentaria por la meseta, las perdices son el más abundante y claro ejemplo de aves que residen y crían en un mismo territorio.  Con su característico canto invaden de sonidos la meseta, reclamando atención desde los sitios más elevados; que a menudo son rocas, terrones de tierras o pequeñas ondulaciones. Abajo, en los prados y cultivos, esta gallinácea intenta pasar desapercibida mientras rebusca su alimento; ante un peligro, quieta y agachada pretende no ser vista. Curioso es  observarla de cerca y comprobar que luce un colorido bastante llamativo.


Perdiz roja / Alectoris rufa / red-legged partridge


Con el cambio de tiempo, bajan las temperaturas y el frío se hace notar. A la vez que una parte de la avifauna abandona la meseta, comienzan a llegar especies de latitudes septentrionales que migran en busca de alimento y un clima más benévolo. Así se da el caso de los milanos, mientras el milano negro huye al continente africano, su primo-hermano real, aparece para sustituirlo en su atalaya, comerse sus topillos y surcar sus cielos.


Milano real / Milvus milvus / Red kite; en vuelo


De igual manera aparece la avefría. Su nombre parece decirlo todo. Bandadas de varios de estos ejemplares blanquinegros comienzan a invadir los campos para picotearlos sin piedad cuando aparece el frío, las heladas, las nieblas...


Avefría europea / Vanellus vanellus / northern lapwing; en los campos castellanos


Un comportamiento curioso, que se da dentro de algunas especies, es el aumento de población de las mismas durante la época más fría. Al igual que hay aves que sólo podemos observar en la península con el movimiento migratorio invernal, hay otras que a aparte de dicho desplazamiento invernal cuentan con ejemplares residentes que perduran todo el año en el territorio.
Así ocurre por ejemplo con el halcón peregrino. En invierno, su población se ve reforzada en los campos castellanos con los falcos que se acercan del norte del continente, facilitándonos la posibilidad de toparnos con uno. 

Íbamos acabando una jornada de campo cuando el atardecer nos brindó con su magia. El sol ya estaba escondido, sólo quedaba la luz y el color que se va perdiendo segundo tras segundo, De repente, lo que podía ser nada más que un cardo o un matojo fuera de lugar, resultó ser un regalo para la retina al agudizar la vista. Un halcón peregrino se encontraba imponente, en el centro de la inmensa explanada, con sangre en el pico, el buche lleno y plumas esparcidas alrededor, Así es este potente halcón, conocido por todos por su gran velocidad y su mortífera precisión. Pequeño pero matón.


Halcón peregrino / Falco peregrinus / Peregrine falcon; en los campos de Castilla


Intentar acercarse más sería contraproducente, pues estaba claro que la rapaz se había metido un buen festín entre pecho y espalda y su huida ante el acoso habría resultado ser más molesta de lo habitual.

Otra rapaz característica por aumentar su población en esta época del año es la lechuza. La más hermosa de las aves nocturnas; curiosamente blanca pero mortífera en la oscuridad. Ya hemos contado bastante sobre esta especie en entradas anteriores como son sus métodos de caza y demás apuntes interesantes; por lo que dejamos el enlace de este post de rapaces nocturnas pinchando sobre MÉTODOS DE CAZA ó UN BLANCO EN LA OSCURIDAD.
Por ello, aquí no dejamos más que su recuerdo, con esta elegante pose que nos mostró una noche cerrada de grandes nieblas, humedad y frío.


Lechuza común / Tyto alba / Barn owl


Por último, nos queda hablar de aquellas aves que solamente utilizan el medio acuático, como las lagunas que brinda el paraje castellano en algunos rincones, para pararse a descansar o alimentarse. Digamos que se mantienen de paso por el lugar, como cuando nos salimos a un área de servicio durante un largo viaje de autovía. Este invierno, hace una semana aproximadamente, tuvimos la suerte de toparnos con este ejemplar de espátula entre carrizos y espadañas.


 Espátula común / Platalea leucorodia / Eurasian spoonbill; en su ambiente


No son muchas las veces que coincidimos con esta especie tan singular. Destaca por su figura enorme y blanca, pero verla con detalle resalta aún más su particularidad. Su pico grueso y plano, es su arma para comer. Utiliza las aguas poco profundas para meter la mitad de su gran pico en el agua para, con él abierto, moverse de un lado a otro obteniendo los nutrientes necesarios. Es un animal que mezcla caracteres y según se mire da que pensar algo diferente. Por una parte sus ojos son de un color rojo fuerte, que le dan fiereza a su expresión. Por otra, sus largas plumas de la cabeza le dotan de un toque gracioso y divertido. Además como todas las garzas, está dotada de unas largas patas, que de un tono negruzco, le dan ese imponente pero esbelto perfil.


 Espátula común / Platalea leucorodia / Eurasian spoonbill


 Espátula común / Platalea leucorodia / Eurasian spoonbill


La espátula nos dió bastante permiso para hacerle una sesión de fotos. Se veía coqueta y confiada, cosa extraña y que agradece con creces cualquier observador o fotógrafo de naturaleza. Puesto que lo normal es tener 5 segundos para sacar al animal con la cámara o alcanzar a verlo bien con los prismáticos. Casi siempre los nervios y las prisas juegan malas pasadas en estos momentos y el frío que entumece las manos o el vaho que empaña las lentes solo entorpecen más la operación. Es curioso pensar de qué depende que un animal (una vez te ha visto) decida respetarte, marcharse o echarte. Por lo general es un carácter que parece ir atribuido a la especie, pero aún así cada animal es un mundo e incluso cada momento es único; por tanto, la respuesta del bicho siempre es una incertidumbre.

Otra cosa que podemos llegar a odiar los amantes de la naturaleza son las nieblas mañaneras. Te has levantado más temprano que el sol y te encuentras con el panorama de solo poder mirar 10 metros delante de ti. Donde el terreno de las estepas comienza a ondularse, allí donde los campos dan paso a plantaciones de pino de repoblación, son zonas con debilidad para formarse estos tapones blancos entre cielo y superficie. 


Fría mañana castellana


La manera de tomarse todo con optimismo, te hace aprovechar cada situación y sacar lo bueno de ella. Con las nieblas, podemos obtener estampas únicas, que parecen haber salido de cuentos de hadas. Y tienen un hándicap. Siempre esconden algo en su interior. Algo que se va desvelando a medida que el sol sale y calienta la atmósfera, el manto blanco comienza a abrirse y la sorpresa puede ser cualquiera..


Lobo ibérico / Canis lupus signatus / Iberian wolf


Un saludo a todos los amantes de la fauna que os deleitáis con este y otros blogs fantásticos que nos sirven para desconectar de vez en cuando con esas entradas que nos ponen los dientes largos y nos hacen añorar eso que tenemos siempre en mente y que no siempre es posible disfrutar: la naturaleza.




martes, 16 de julio de 2013

Métodos de caza

En la naturaleza, hasta el más mínimo detalle es aprovechado por cualquier especie para sacar todo su potencial. En el mundo de los cazadores, las adaptaciones y cualidades individuales adquiridas por las especies para sorprender al acecho y dar muerte a la presa, marcan la diferencia con el resto de animales. Garras que penetran en la piel de la presa como cuchillos, un camuflaje perfecto para no ser descubierto hasta el último momento, o una velocidad extrema para matar en cuestión de segundos hacen que dos animales aparentemente semejantes puedan llegar a ser tan distintos si se les conoce en profundidad.
En la península ibérica hay muchos cazadores nocturnos, de entre los cuales destacan  los alados, y dos de ellos serán los protagonistas de esta entrada. Dos rapaces que en determinadas zonas donde pueblos ganaderos irrumpen en extensas masas forestales, llegan a convivir y hasta a compartir cocina. El cárabo y la lechuza, dos magníficos matadores de pequeños mamíferos, principalmente roedores. El plumaje pone nombre a cada uno haciéndolos inconfundibles, pero también, como veremos a continuación, su forma de ganarse la cena los diferencia.
Empezaremos con el cárabo, ese búho forestal de ojos negros y plumaje críptico.


Cárabo común (Strix aluco) sobre un posadero habitual buscando alimento

 
Pocas veces lo veremos en posaderos bajos, suele esperar paciente en lo alto de árboles de gran porte, altas torres, tejados, cables... Por ello su observación también se hace más  complicada. Su arma fuerte es la vista, una vista tan potente que le permite detectar su presa desde las ramas más altas para posteriormente caer sobre ella como una mortífera sombra. Es más que conocido que esta especie es capaz de volar en la más absoluta oscuridad, pudiendo visualizar y esquivar cualquier objeto.

A diferencia, la vista de la lechuza es relativamente buena, mejor que la nuestra, pero más pobre que la del cárabo, su campo de visión está limitado a unos 110 º. Para sobreponerse a esta limitación es capaz de girar el cuello unos 270 º, lo que le permite cubrir todo el campo. Pero el arma secreta que le permite cazar con tanta efectividad es el oído. A menudo localiza las presas gracias a los sensibles pabellones auditivos que tiene alojados en el interior de los discos faciales. Estos actúan como auténticos conos amplificando enormemente los sonidos. Por ello, sus posaderos más frecuentados son los postes bajos, con especial predilección por los típicos cercos de palos y alambrada que delimitan los campos.
 
 
Lechuza común (Tyto alba) en su típico posadero controlando los campos
 
 
Una curiosidad que hemos podido destacar en ambas especies son sus "noches de abundancia".
En base a lecturas de grandes naturalistas británicos conocedores de la especie y nuestras propias estadísticas de observaciones de campo, llegamos a la conclusión de que hay días idóneos de caza para cada especie. Por lo general los días sin viento son los mejores sin lugar a dudas, ya que este entorpece tanto en ruido como en movimientos falsos de la vegetación. Por otra parte, mientras a los cárabos no les afectan tanto las nubes, la lechuza parece preferir los días en los que la brillante luna no desvela su posición. A estos dos factores podemos añadirles positivamente la humedad y las altas temperaturas, pues aumentan la actividad de los pequeños mamíferos e insectos.
Para concluir este post, cabe destacar que ambas especies las hemos estado observando en la misma zona y que los dos ejemplares que mostramos en sendas fotografías utilizaron los mismos campos para alimentarse.
 
Esperamos haber despertado algo de admiración por estos maestros de la caza en las tinieblas, o simplemente haber podido aportar alguna curiosidad a los seguidores del blog. Un saludo a todos

lunes, 14 de enero de 2013

Un blanco en la oscuridad

A menudo observamos el desarrollo de la pigmentación mimética de los depredadores en plumas, escamas, piel y pelaje. Por ejemplo, los leones de la sabana que siempre acechan a su presa entre pastos pardos, tienen el tono perfecto para pasar desapercibidos hasta el último momento. Pero tampoco hace falta pensar en remotos lugares ni grandes mamíferos. En la fauna ibérica misma, cantidad de animales presentan esta característica. Hemos destacado en este blog algunas especies como el chotacabras, el cárabo o el autillo que pueden describirse como auténticos maestros del camuflaje; con ayuda de la noche y su plumaje críptico pueden acechar desde casi la invisibilidad. Además, para este tipo de especies, mimetizarse durante el día con el entorno proporciona un descanso seguro y tranquilo. Por tanto, un arma de doble filo.
La protagonista de esta entrada, la lechuza común, es la única de las aves rapaces nocturnas de la península que no goza de este privilegio. Posee un dorso gris-dorado entremezclado bastante curioso, pero la guinda de este gran alado es el blanco que le cubre el pecho, la cara y la base de las alas. De esta manera, cuando nos sobrevuela, sólo vemos una silueta blanca. Un blanco en la oscuridad. Parece como si a la hora de elegir, hubiera preferido la belleza a la facilidad del camuflaje.


Lechuza común (Tyto alba)


Como una estatua de mármol, blanca y quieta espera la localización de una presa desde su posadero. Desde un poco antes del comienzo del invierno y hasta antes de la época de cría (en lo que a Cantabria se refiere), se produce un incremento notable de lechuzas. Fundamentalmente se pueden atribuir dos causas:

-Aunque esta especie se considera bastante sedentaria, la falta de topillos provocada por un repentino descenso de las poblaciones (lo que los ingleses conocen como "wanderjahre") acentúa la necesidad de desplazarse, sobretodo de los juveniles. No suelen ser grandes distancias, unos 300 Km de media, pero es suficiente para que durante estas fechas se dejen ver ejemplares de Francia sobretodo y alguno que otro de Reino Unido.

-El segundo motivo se debe a que durante estos meses los campos de cultivo están recién sembrados y la  poca cobertura herbácea disponible deja muy indefensos a pequeños roedores como: los ratones de campo o musarañas que suelen moverse en los bordes de dichos campos. Este patrón es más que conocido por la rapaz y por ello durante estas fechas se concentran en esos puntos calientes.


Lechuza común (Tyto alba) en un nogal


Los expertos calculan que en condiciones normales, una lechuza consume de media entre 3 y 4 micromamíferos al día, pero en la época previa a la cría y mientras que tienen una prole a cargo, los números pueden multiplicarse hasta por 10. La mayoría de estos estudios los llevan a cabo los británicos, de los cuales sacan unos magníficos documentales con los que la gente conoce a la especie, se conciencia y respetan. Vamos, algo parecido a lo que se hace por aquí....... En un documental de la BBC, llamado Springwatch 2012, hicieron un pequeño estudio en el que una familia compuesta por 3 pollos, la madre y el padre consumieron 10 roedores en una hora y media. Estos datos avalan y enseñan que no hay mejor raticida que una familia de lechuzas cerca.


Macho de lechuza común (Tyto alba)


Esta especie, aunque tenga de apellido común, no deja de sorprender a la gente que muestra interés por ella e intenta conocer un poco más de su biología y etología. Un aspecto curioso a resaltar es que son monógamos, es decir, que mantiene la misma pareja durante toda la vida. Solo en el caso de muerte de uno de los dos, es cuando se rompe la fidelidad. Para diferenciar los sexos hay una regla, que aunque no es fiable al 100%, es la que más se utiliza. Generalmente un 95% los machos no presentan motas negras en el pecho (fotografía superior), rasgo distintivo que sirve para identificar a las hembras (fotografía inferior). También se puede distinguir al género masculino por un collar blanco en cada parte del cuello en contraposición con las féminas que lucen tonos ocres.


Hembra de lechuza común (Tyto alba) con las características motas negras en el pecho.


Si nos remontáramos a una época ancestral, en la que por las noches no habría más luz que la que pudiera provocar el fuego, ver una lechuza correspondería a algo inusual y sobretodo llamativo. Como una estrella fugaz, sería de las pocas cosas que llamaría la atención visualmente en la oscuridad y seguramente digno de recordar.
Muchas gracias a todos por visitarnos. Nos vemos en el siguiente post.

sábado, 2 de junio de 2012

Ratonero&Lechuza; 2 devoradores de micromamíferos

Si hay dos especies de rapaces bien conocidas por la gran mayoría de amantes de la naturaleza, son el ratonero y la lechuza. Estas 2 aves, ambas de apellido común, están asociadas a ambientes rurales, agrarios y a la cercanía de pueblos, debido fundamentalmente, a que en estos lugares se encuentran sus presas preferidas. Ratones, topillos y musarañas son parte de la alimentación de las protagonistas de esta entrada. Pero, aunque la base de nutrición sea la misma para ambas rapaces, la forma, los instintos o los sentidos que participan a la hora de cazar son casi completamente opuestos. Este aspecto, es el que queremos resaltar en esta ocasión aquí.
El ratonero es un eficaz cazador de roedores, que normalmente se encuentra posado en algún punto elevado cercano a los campos de cultivo donde los topillos suelen ser abundantes. Su vista prodigiosa (unas 10 veces más y mejor que la nuestra) se encarga de encontrar desde la altura a sus pequeñas presas escondidas entre las hierbas. Como todas las rapaces diurnas, la visión, es el sentido que tienen más desarrollado y en el que todas se basan para cazar. Hay algunas especies como el águila real o la culebrera en que está todavía más especializado.
La típica imagen que muchos de nosotros tenemos del busardo es posado en alguna señal de tráfico, poste o torre de alta tensión, ya que la mayoría de ejemplares que uno ve es cuando se desplaza en coche de un lado a otro. Pero nosotros buscábamos una foto diferente, con un posadero más natural, algo así como un árbol o una roca, que diese naturalidad y originalidad a la imagen. Todo esto sin utilizar ninguna clase de cebo ni hide complicaba un poco el asunto, pero al final conseguimos alguna instantánea de un ejemplar que utilizaba como percha una rama de un viejo roble muerto que sobresalía de entre el bosque.


Busardo ratonero (Buteo buteo) sobre un roble seco


Los ratoneros son mucho más numerosos en invierno, pudiéndose encontrar fácilmente en casi cualquier punto de nuestra geografía, ya que llegan del norte de Europa para pasar aquí los meses más fríos. No todos se quedan en la península Ibérica durante esta época, ya que algunos todavía se verán con fuerzas suficientes y cruzarán el estrecho de Gibraltar para adentrarse en África. El viaje de vuelta a tierras nórdicas lo realizan entre marzo y abril.
Este ejemplar apareció sobrevolando un robledal mientras disfrutábamos de los grandes mamíferos de la cordillera cantábrica. Se posó en el viejo roble en el que lo mostramos, tras otear un rato se lanzó a la cara oculta de una ladera. Volvió al poco, sin presa, y buscó un nuevo lugar con mejor visibilidad, al parecer había fallado su primer intento.


Busardo ratonero (Buteo buteo) en su posadero natural


Cuando cae la noche y el ratonero deja de matar, las rapaces nocturnas empiezan su actividad. A diferencia de las diurnas que prácticamente se basan en la vista y sus acrobáticas persecuciones, este majestuoso grupo de aves está dotado de una serie de características que les convierten en los auténticos matadores de la noche. Con un diseño en las plumas aterciopelado y especializado para no emitir ningún tipo de sonido mientras vuelan, una vista perfecta y un oído extraordinario, podríamos decir que son los auténticos fantasmas de la noche.
Pero hay una especie de este grupo alado de cazadores nocturnos, que es un poco diferente ya que tiene el sentido del oído más desarrollado que el resto. La lechuza común se basa fundamentalmente en los pequeños sonidos que emiten los micromamiferos escondidos entre la maleza. Con una configuración que recuerda a la de un cono, el pabellón auditivo se convierte en una especie de embudo preparado para captar las ondas sonoras. La forma de la cara en aspecto de disco ayuda también a que los sonidos se canalicen hacia el oído.
Se puede decir a modo de ejemplo que una lechuza es capaz de cazar con los ojos vendados, solo basándose en los ruidos que emiten sus presas al caminar y moverse.


Lechuza común (Tyto alba) en la oscuridad de la noche


Así, los pequeños roedores están vigilados día y noche por esta pareja de insaciables devoradores de micromamíferos. Si quieren sobrevivir, su misión de cada día es buscar el alimento de forma que durante las horas de luz deben cuidar no ser vistos y de noche hacer poco ruido.
Esperamos que os haya gustado esta breve historieta de dos cazadores de roedores iguales pero diferentes y prometemos volver algún día con mejores fotos de estas protagonistas con sus presas.
Un saludo a todos los que os pasáis por este cobijo de vez en cuando y gracias por vuestros comentarios.