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domingo, 22 de abril de 2012

Cuernas; armas que no matan

Normalmente las armas son diseñadas para matar o hacer daño. En el mundo animal, garras y mandíbulas como las de los lobos o veneno como el de las víboras son armas que cada uno presenta a la hora de decidir quién vive y quién muere. El ser humano parece que carente de ellas, ha tenido que ingeniárselas para crearse las suyas propias. Esto nos hace pensar que la gran arma de la que fue dotado el homo sapiens y sus antecesores es sin duda la inteligencia y el raciocinio. Luego ves cada estupidez (incendios provocados, caza de especies en peligro de extinción...),  que dan ganas de planteárselo... Sin embargo, las resistentes y afiladas cuernas que lucen los cérvidos tienen otros motivos más haya de la muerte y el dolor. Son armas de acuerdo con la teoria de la evolución de las especies de Darwin, en la que la selección natural determina los progenitores mejor dotados. Esto quiere decir que estas armas tiene por función aparentar fuerza y salud; y demostrarlo ante las hembras con una embestida cuerna con cuerna con los competidores e intrusos en su harén.


Machos de ciervo (Cervus elaphus) enfrentados durante la berrea (septiembre 2011)

Hay diferentes grandes mamíferos en las montañas del norte ibérico que poseen un par de estructuras óseas en la cabeza, pero solo dos de ellos se denominan cérvidos; el corzo y el ciervo. La familia cervidae se diferencia de los demás ungulados por llevar un ciclo anual de renovación de cornamenta.
Los ciervos, que poseen unas cuernas mucho más grandes que las que llegan a tener los corzos; preparan sus armas para las peleas que se dan en el celo (septiembre-octubre normalmente). Después las mantienen hasta la primavera, momento en el que son desprendidas frotándolas contra los tallos leñosos, para ser sustituidas por un nuevo par (más grande que el anterior si todo va bien) naciendo cada una de ellas, rodeada de un epitelio llamado terciopelo. A su vez, esta piel antes de la berrea se quita para prepar sus mejoradas cuernas de nuevo para los enfrentamientos.
Lógicamente, no es época de mostrar fotos de luchas y escaramuzas, sino del estado actual de los ciervos de las montañas que quedan aparentemente desprotegidos o "desequilibrados" durante unos días.


Ciervos (Cervus elaphus) sin una y dos cuernas


Aparentemente, podríamos ver en la foto un ciervo seguido de una hembra; pero esto sería un tanto extraño y más aún  en esta época. Ya que, si no es durante el celo, hembras y crías van por un lado y machos (solos, o en pequeños grupos) por otro. Si uno aumenta la foto y se fija bien, a un ciervo le falta una cuerna que acaba de tirar y al otro le faltan las dos que ya tiró hace algo más de tiempo.
En las siguientes imágenes se observan los mismo ciervos un rato después, ramoneando entre brezos. El primero (dos fotos) muestra un agujero en su lado izquierdo de la cabeza mientras se acicala y el segundo dos pequeños bultos negros donde comienzan a  salir las cuernas. (ampliar para ver más detalle)


Ciervo (Cervus elaphus) sin una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) con una cuerna


Ciervo (Cervus elaphus) sin ambas cuernas


Mientras tanto, los corzos que tiraron sus pequeñas cuernas durante el invierno, hasta hace poco tenían su cornamenta cubiertas de terciopelo. Actualmente andan quitando el epitelio y las mantendrán a punto hasta el celo, que es en verano.


Corzos (Capreolus capreolus) encarados por desafío territorial con sus cuernas  recubiertas de terciopelo ya desarrolladas


Corzo (Capreolus capreolus) con la cornamenta aterciopelada

Desgraciadamente estos indefensos herbívoros son premios de muchos cazadores y posteriormente, sus cabezas adornos de múltiples chimeneas. Para nosotros es más reconfortante descubrir una de esas cuernas, que tanto ha peleado por asegurar la descendencia de su portador, entre los brezos de un robledal; y pensar que este animal sigue dando saltos por las montañas y formando parte de nuestra preciada fauna, que ver un ejemplar abatido como trofeo.


Cuerna de ciervo (Cervus elaphus)


Como es el caso de la cuerna aquí mostrada. Podría ser de alguno de los ciervos que aparecen en las imágenes anteriores, ya que se situaba en el mismo lugar donde fueron observados estos ciervos. Pero no podría haber sido desprendida este año, esta "pequeña" expresión del paso del tiempo nos dice con sus puntas mordisqueadas y su estructura roída que formó parte de la berrea del 2010.
Sin embargo, el echo de encontrar una cuerna no asegura la supervivencia del animal que la llevaba. Fuera del radio de acción de las personas, el bosque tiene muchas trampas mortales que irán seleccionando a lo largo de los años los ejemplares mejor dotados. Enfermedades, depredadores como los lobos, o el crudo invierno son pruebas que deberán pasar satisfactoriamente para llegar a formar parte de los espectáculos del celo; la berrea del ciervo o la ladra del corzo.
A continuación mostramos un pequeño fragmento de ese ciervo que aún conservaba una de las dos cuernas escondido entre las escobas de la montaña palentina.

Ciervo común (Cervus elaphus) con una cuerna

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