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lunes, 12 de septiembre de 2011

Crónica de un autillo

Fácilmente confundible con el mochuelo en la lejanía e incluso con murciélagos en vuelo, este minúsculo alado puede estar observándote dónde y cuándo menos te lo esperes. Los autillos, al igual que el resto de las aves rapaces nocturnas, no provocan ningún ruido sospechoso en vuelo gracias a sus plumas aterciopeladas y siempre desde las tinieblas te habrán descubierto antes de que ni siquiera tu te inmutes de su presencia. Dado que estos son los búhos más pequeños y poseen el mejor camuflaje, lograr observarlos, pensamos que conlleva un gran importancia, dificultad y misterio.


Autillo (Otus scops) sobre un roquedo de su zona de caza


Después de tantos años escuchando su monótono canto, al caer la noche fascinados por la magia que transmite, decidimos ponernos en serio con la búsqueda de algún ejemplar. Por lo que las largas noches de este verano han sido para nosotros especialmente largas, aunque hayan parecido tan cortas. Todas las noches que hemos podido, las hemos dedicado a observar, fotografiar y entender a estos pequeñajos. Tras mucho andar, un día logramos dar con una silueta pequeña y orejuda en la rama de un pino durante el ocaso, que al momento salió volando. Así, conseguimos animar el tema y empezar con las hipótesis de lugares de nidificación, de caza...
-Primero limitamos la zona en la que podría tener el nido a unos cuantos árboles (un pino, varios frutales y algún chopo. Todos ellos grandes y con agujeros de pícidos, o simplemente oquedades naturales). De este lugar procedía el canto del autillo tan característico, una especie de pitido pausado, a menudo doble. Se podía escuchar al final del ocaso, a la primera hora de noche y durante la última hora de la noche justo antes del amanecer. Es decir, emite su sonido antes de salir y al llegar.
-Después, entendiendo de donde salía cada noche, buscamos hasta dar con él en un posadero habitual al que acudía las noches de agradable temperatura, sin viento y tranquilas siempre a la 1:20 de la madrugada. Este, un árbol muerto en medio de descampados y arroyos con sotobosque. Una vez que tienes un lugar donde localizarlo, poder seguirlo y descubrirlo nuevamente cuando está cazando es fácil porque emite un curioso sonido (Una especie de chirrido que se podría escribir como "chowín" bastante similar al sonido que provoca una suela de goma mojada al andar) acompañado de un levantamiento y encogimiento del cuerpo como su primo el mochuelo.
-Por último, pudimos ver cómo tenía dos zonas de caza: una a campo abierto donde disfruta de micromamíferos; y otra, quizás la más curiosa, una urbanización donde aprovechaba las concentraciones de bichos en las farolas.


Autillo (Otus scops) en medio rural


En este último lugar pudimos hasta observar tres en el tejado de una casa. Aunque para cuando tiramos la foto ya sólo quedaba uno.


Autillo (Otus scops) sobre un tejado


Por estas fechas no hemos conseguido localizarlo, y es que, poco falta para que realice su viaje hacia África a pasar el invierno. La verdad, poder disfrutar hasta varias horas del encanto de la noche y de la actividad de "sus pequeños guardianes" es un lujo que se goza más con 20ºC veraniegos que con los bajo cero invernales.
Esperemos que os haya gustado esta entrada. Un saludo a todos nuestros visitantes y gracias por dejaros caer por el cobijo de vez en cuando.

2 comentarios:

  1. Chowi chowi jajaja
    Bonita entrada chicos y buenas fotos!
    Un abrazo.

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  2. Hacía días que no pasaba por aquí y veo que teneís muy buena baza. El autillo es una nocturna muy especial, y envidio la suerte de verlo con la misma facilidad con la que os ha deleitado.
    Una entrada muy apreciable dentro de vuestro buen hacer.

    Saludos.

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