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viernes, 30 de agosto de 2013

Un eslizón inesperado

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la naturaleza es caprichosa y parece que juega con los naturalistas. Uno siempre pretende ver cada especie animal en su entorno más típico y característico, sin embargo, pocas veces nos ocurre esto, aunque cuando ocurre es realmente espectacular. Un corzo de gran cornamenta paseando por un viejo y musgoso robledal o un oso que sale de un gran hayedo, son escenas increíbles, pero antes de que ocurran nuestra cabeza ya está barajando dicha posibilidad mientras esperamos con nuestros prismáticos en posición. Pero ahora traemos una sorpresa que para nada esperábamos y que por ello sorprende y satisface tanto.
Caminando por las cercanías de pequeños arroyos escoltados por líneas de chopos que sortean pinares, nos apareció un eslizón que trataba de pasar desapercibido entre un viejo tronco podrido. A pesar de haber cursos de agua cercanos, es un ambiente bastante seco por lo que optamos por la idea de que fuera un eslizón ibérico (más propicio a este tipo de hábitat). Gracias a que el ejemplar colaboró con su tranquila estancia a las luces del atardecer, pudimos afinar la vista y descubrir que nuestra pequeña sorpresa tenía tres dedos en unas patas muy pequeñas y que apenas utilizaba cuando optaba por cambiar de sitio.
 
 
Eslizón tridáctilo (Chalcides striatus)
 
 
Estos tres dedos son la característica más fiable para reconocer esta especie, ya que el color o tono de las escamas puede parecer distinto según la luz que reciba. Incluso las  longitudes que varían tanto en función del individuo (edad, sexo...) puede llegar a confundir; por lo que evitamos una manipulación innecesaria.
 
 
Eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) mostrando sus tres dedos
 
 
Descubrir nuevas especies enriquece los entornos y además nuestra capacidad fotográfica. No hablamos de la calidad o profesionalidad que se adquiere con el tiempo o el dinero, si no del conocimiento que se obtiene de una especie en cuestión. El eslizón tremendamente ágil, como cualquier reptil puede quedarse inmóvil al sol, hasta que decide que es el momento de escapar cuando desaparece en segundos. Para congelar el movimiento de este escamoso nos bastó con observar cómo reptaba y dónde buscaba cobijo.
 
Esperamos que os guste este aparente eslabón perdido entre los lagartos y las serpiente. Gracias por la visita y un saludo