Bienvenidos a Cobijo camijanes, un blog que intenta mostrar la diversidad de fauna en su estado y hábitat natural

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los secretos de la marta

Los mustélidos son ese conjunto de mamíferos tímidos y escurridizos con los que siempre uno sueña con encontrarse o que te encuentren en lo más profundo de los hayedos y robledales del norte. Claro que no todos los que forman esta familia tienen como hogar y fuente de alimento estos magníficos parajes. La garduña por ejemplo, está considerada una habitante cercana a los pueblos, chozos, graneros y alrededores; el armiño afectuoso de los prados; y la nutria prácticamente ligada a los cursos de agua. La marta en cambio, se desenvuelve perfectamente entre masas forestales, aunque otra cosa es dar con ellas. Como siempre ocurre con los animales (una cosa es que estén y otra que se dejen ver), aún más si tienen hábitos nocturnos o crepusculares. Pero nuestra historia con estos invisibles no empieza en la montaña ni en sus bosques como habría sido de esperar; empieza en las praderas aledañas al curso de un río de poco caudal que en unos cientos de metros sus aguas se mezclan con las saladas del mar cantábrico.
La primera vez que nos encontró un mustélido, fue haciendo alusión al dicho "al que madruga Dios le ayuda"; apenas eran las siete de la mañana y el lugar el ya descrito. Íbamos tranquilamente siguiendo las aguas del río cuando decidimos hacer una parada. Al minuto, una marta apareció tras unas rocas musgosas, y sobre ellas, se paró para observarnos, se dió la vuelta y desapareció.
Estas ocasiones son en las que sientes la naturaleza conectar, el animal te mira y notas sus pupilas sosegadas clavadas en las tuyas, la tranquilidad invade el amanecer, y solo se oye el fluir del río y el piar de un martín.
A finales de verano volvimos a encontrarnos con esta especie por la misma zona. Esta vez eran dos, al parecer hermanos y todavía sin emancipar.


Marta (Martes martes) juvenil en un prado a última hora


Dentro de los mustélidos hay cuatro de ellos que pueden confundirse fácilmente: Armiño, comadreja, marta y garduña. Los dos primeros tienen un tamaño menor y una cola relativamente corta y poco voluminosa. Mientras que los dos grandes tienen la cola de mayor tamaño y poblada como la de un zorro o una ardilla. Entre ellos además, se diferencian por el color del pelaje del cuello "el babero" siendo amarillo-anaranjado en las martas y blanco en garduñas, en las cuales se bifurca y extiende por las extremidades anteriores.
La identificación es fácil si se consigue sacar una foto, pero cuando solo ves su sombra, puede ser realmente difícil acertar la especie que se cruzó. La pareja protagonista apareció de frente mostrándonos su nombre y apellido. Se dedicaban a cruzar la extensión herbácea desde el bosque tupido hasta unos avellanos cercanos al río. Corrían y saltaban en pareja por los campos y cuando la curiosidad les invadía, paraban y husmeaban. Llegaban a erguirse para abarcar más terreno y velar por su seguridad.


 
Marta (Martes martes) juvenil con posición bípeda entre la maleza

 
Gracias a la gran flexibilidad de sus muñecas, las martas tienen la capacidad de subir y escalar árboles como si de una ardilla se tratase. Aprovechando sus cualidades de trepadora y sumado a una gran agilidad, encuentra en los avellanos una fuente de alimento muy nutritiva y diferente a la dieta carnívora estricta que se le puede asociar a este tipo de animales. A parte de cazar pequeños animales también saborean los frutos de temporada, aunque las avellanas de entonces aún estaban verdes. En el siguiente video se puede ver (a contraluz, si es que había algo de luz) con que agilidad se sube a los árboles y se mueve por sus ramas.
Para ampliar, pinchar el recuadro abajo a al derecha. Aunque la pérdida de calidad al subir el vídeo sea notable.


Marta (Martes martes) buscando avellanas


Una de las razones por las que estas especies son tan difíciles de observar es por sus hábitos nocturnos. Verlos a la luz del día es todo un privilegio; cuando esto no puede ser, recurrimos a otras estratagemas para localizarlos, deducir su comportamiento... Así dimos con una marta en medio de un robledal, a unos 1400 ms.n.m. Observamos una marta adulta desenvolviéndose perfectamente por la noche en medio del bosque (en su zona quizá, más habitual de campeo).


Marta (Martes martes) por la noche


Con todo esto llegamos a la conclusión de lo complicado que es atribuir a cierta especie un patrón de actividad, de hábitat y de comportamiento. La marta se dice que vive en la montaña en bosques cauducifolios y que sale de noche. Sin embargo, puedes verlas tanto en un bosque como en un prado, a más de 1000 m.s.n.m. y a prácticamente 0 m.s.n.m, de día y de noche... Como es lógico, el mundo de los animales no son ciencias exactas, siempre pueden sorprender y hacerte cambiar los esquemas. Seguramente para muchos, como para nosotros, ese sea uno de sus encantos.
Esperamos que os haya gustado este pequeño reportaje de la escurridiza marta. Con esto nos despedimos hasta la siguiente entrada.
Un saludo a todos, muchas gracias por vuestros comentarios y visitas.